Estamos hechos de historias

Somos historias. Historia en cuanto a contexto y en cuanto a construcciones del día a día. Nuestros aprendizajes más sólidos son a base de historias, nuestros recuerdos son historias, nuestros sueños por la noche, son historias, nuestra percepción de nosotros mismos es nuestra propia historia. Las historias son nuestra esencia.

Por eso me sorprende cuando le digo a alguien que no quiero que Monete y Mariflor vean películas como «Cenicienta», «Peter Pan» o «La Bella y la Bestia» y me responde: «¡Pero qué tontería, si son solo historias!«

¿SOLO historias? ¿Qué tienen las historias de ligero? Las historias te contextualizan el mundo. Y la forma en la que se escriben las historias es mucho más poderosa que sus diálogos. No hace falta que digan explícitamente «como mujer tienes que cuidar siempre y aguantar lo que te echen, aunque te traten mal», solo te muestran a una Bella inteligente y lectora voraz, que a pesar de ser secuestrada y maltratada por una Bestia borde y desagradecida, pues le cuida y se enamora. Te lo han dicho todo y tú ni te has enterado.

Así es como se controla la narrativa, y el rol de cada uno en la sociedad. Con las historias te cuentan de qué va la vida donde has nacido, cuál es tu papel, cuál es el de otro y a qué debes aspirar. No se trata de niñerías, y no hay que restarle importancia. Los niños además son ávidos consumidores de historias: para distraer a un niño incluso en plena rabieta no tienes más que empezar a contarle un cuento. Hasta ahí llega el poder encandilador de las historias.

¿Qué esconden todas esos cuentos o películas que consideramos inofensivas?

  • Peter Pan: La madre de Wendy es una mujer maja. Pero tiene cero autoridad frente al padre, una persona deleznable que exige a gritos que le limpien y le planchen. Wendy y ella son las cuidadoras responsables, dulces y amables. Aun así, todo gira en torno a los caprichos de Peter Pan, un niño egocéntrico e inmaduro que trata mal a todas las chicas de su alrededor. Inexplicablemente las tiene a todas enamoradas. En la presentación de Campanilla (hada sexy en un vestido minúsculo) aparece con expresión horrorizada al ver el tamaño de su culo en un espejo. Sin hablar, mide sus caderas con las manos y se le desencaja la cara. Campanilla es además súper celosa, hasta el punto de intentar matar a Wendy.

  • Blancanieves es la chacha de los 7 enanitos, pero los buenos son ellos porque la salvaron un día en el bosque. Y nos presentan como algo maravilloso que alguien te vea inconsciente en el suelo tras haber mordido una manzana envenenada, y te bese sin tu consentimiento. De nuevo, el príncipe salvador que viene a dar sentido a la existencia femenina. ¿Y quién es la mala malísima? Pues una mujer cuyo mayor problema y preocupación vital es que no haya nadie, nadie, nadie más guapa que ella.

  • Cenicienta: Una persona que se pasa el día limpiando y explotada por su familia, en especial por las mujeres de su familia. Su madrastra (¿qué madrastra es buena en una peli?) la odia y sus hermanastras, más. Pero tiene suerte porque consigue ir al baile vestida de princesa y bailar con el príncipe, quien se enamora perdidamente de ella pero inexplicablemente es incapaz de acordarse de su cara. Así que tiene que ir probando un zapato por todo el reino para reconocer a la chica de sus sueños, que la reconoce solo porque el zapato es de su talla, ojo. Es que la ve y ni cae, nada. Y ella tan feliz, lo deja todo y se va con esa persona.

  • La Sirenita: el perfecto ejemplo de la chica que deja su mundo, literal, por un chico. Con el que además no ha mediado ni palabra, pero no pasa nada porque ella ofrece lo que sea con tal de irse con él. Incluso su voz. Así es como el príncipe se enamora de ella: calladita que está más guapa. ¿Y la artífice de todo esto quién es? Por supuesto Úrsula, una mujer vieja, fea, gorda, solterona y amargada.

  • Enredados (Rapunzel): Una princesa (¿quién si no?) siempre rubia, de piel clara y bien occidental vive encerrada toda su vida en una torre. ¿Está traumatizada? No, canta alegre a los pajarillos y juega con las ranas. Hasta que viene por casualidad un hombre y se va con él. Y a pesar de que la traiciona y es un interesado, luego intenta recuperarla y ella por supuesto accede. Porque él cambiará, claro, el amor por ella le ha cambiado y le ha convertido en buena persona. Rapunzel le cuida con su pelo y con lo que sea sin cesar. ¿Y quién ha causado todo este sufrimiento? ¡Oh, sorpresa! ¡Una mujer! Que además su problema es que no acepta su edad, no quiere ser vieja por nada del mundo y está dispuesta a todo para frenar el paso del tiempo. Al final, cuando se queda sin su poder de juventud eterna, se convierte en la anciana que es y ¡PUF! Desaparece. Que es lo que deben hacer las viejas.

Luego me vendréis también con que las pelis han cambiado (que algo así, ¡afortunadamente!), otro día hablamos de Frozen. O que la tele no es machista ya, pero a ver donde encontráis mujeres viejas y feas en programas de televisión: no existen porque no hay lugar para ellas. Y no es que en la tele nos estén contando cosas explícitamente machistas, es que las historias que vemos son las gafas a través de las que desciframos el mundo.

Y yo decido qué gafas no quiero que lleven Monete y Mariflor.

Que alguien me explique a qué mente perturbada se le ocurrió esta escena.

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