Por qué creo que el machismo no es cosa del pasado

Hace poco tenía una conversación con una persona muy cercana, a la que quiero con locura, que hizo que me replantease de nuevo cosas que quizá doy demasiado por sentado. Y para otras personas no es tan obvio, o su visión no es la misma.

Su teoría era que el machismo era cosa de nuestros padres y generaciones anteriores, y que ella nunca había vivido situaciones machistas: ni en su familia, ni en lo personal, ni en lo laboral. Además, clasificaba el feminismo como «el normal, el moderado» y «el malo, el feminazi». Esto hizo que me saltaran todas las alarmas. Me encantó tener esa conversación porque me abrió mucho los ojos, y desde entonces me paso el tiempo listando en mi cabeza razones por las que SÍ creo que el machismo sigue existiendo (hemos mejorado mucho, pero aún queda un largo recorrido) y por las que SÍ creo que el feminismo es necesario (y mucho).

Iba a decir que no sé exactamente el origen de la palabra «feminista» pero gracias a Google lo sé – aunque se me olvidará mañana, problemas de la sociedad de la sobreinformación -.

El primero en usar ese término para designar a las mujeres que luchaban por sus derechos fue en realidad el escritor francés Alexandre Dumas hijo. En 1872, publica “El hombre-mujer”, en el que se burlaba: Las feministas, perdón por el neologismo, dicen: todo lo malo viene del hecho de que no se quiere reconocer que la mujer es igual al varón, que hay que darle la misma educación y los mismos derechos que al varón”. A partir de ese neologismo, la palabra se difundió como una manera despreciativa de designar a las mujeres que luchaban por sus derechos.«

Esta palabra empezó a cobrar más protagonismo y a adquirir el significado de hoy día a partir de la Revolución Francesa y las sufragistas (¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!). A día de hoy, la RAE lo define como «Feminismo: Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre«. No existe un movimiento «radical» a favor de la igualdad, es bastante blanco o negro: o estás a favor, o no. Al igual que no calificas un «anti-racista moderado» o un «anti-racista radical». O lo eres, o no.

Reconozco que el término en sí genera bastantes contradicciones: el hecho de que sea similar a la palabra «machismo» hace que a menudo se malinterprete su significado, y el que califique algo en afirmativo, también es raro. Decimos que alguien es «racista, homófobo, misógino», pero más allá de añadir el prefijo «anti» a los adjetivos anteriores, no hay palabras que designen a alguien que no sea racista, ni homófobo, ni misógino: se considera que lo normal es no serlo. ¿Porque l@s feministas tenemos que colgarnos un cartel, en vez de considerarlo «lo normal»?

Pero no nos quedemos en la forma y vayamos al contenido: el feminismo no es más (¡ni menos!) que la lucha por la igualdad de derechos y obligaciones entre hombre y mujer. El feminismo no dice ni pretende que seamos iguales: celebra las diferencias obvias entre sexos. Los hombres suelen, en general, tener más fuerza física, las mujeres suelen, en general, tener más facilidad de palabra. Pero los derechos y responsabilidades tienen que ser equitativos. El feminismo no es una lucha de mujeres: es una lucha de hombres y mujeres contra la discriminación de género. Los hombres son parte indispensable en esta lucha.

Razones por las que SÍ creo que el machismo sigue existiendo, y por ende el feminismo SÍ es necesario. No siguen un orden específico, y van desde lo local a lo global:

  • Carga mental o el trabajo invisible – SI YO NO ME ACUERDO, NO SE HACE. ¿A quién le suena esta frase? Mis amigas y yo nos la repetimos cada día en los numerosos podcast que nos enviamos. La carga mental habla de muchas cosas, y se basa en una regla bastante simple: planificar. Pensar más allá del momento presente. Es una capacidad común a ambos sexos, sin embargo parece que el masculino solo lo emplea en terreno laboral. Son buenos cumpliendo fechas, son excelentes project managers, pero a la hora de pensar en casa y familia… regulinchi. La carga mental habla de acordarse de lo que hay que hacer, no solo de hacerlo. Habla de la cita del pediatra, del qué cenamos hoy, mañana y pasado, de que falta leche y desayuno, de comprar el regalo de cumpleaños y de hablar con los padres de Luis para confirmar que vamos, de contestar al mensaje del cole y acordarnos que el jueves van disfrazados, de que el sábado se cambian las sábanas y tienen que estar limpias, que la ropa se les ha quedado pequeña a las niñas y necesitan camisetas y zapatillas, y así cada día. Lo que veo a mi alrededor es que ellos son muy buenos ejecutores, pero solo si les dicen antes lo que hay que hacer y cuándo. El 71% de las mujeres sufre carga mental, y sólo el 12% de los hombres lo experimenta. Aquí un artículo bastante completo sobre este tema.
  • Perpetuación de estereotipos de género: Porque Daddy Pig sigue siendo el cabeza de familia con un trabajo importante, trabaja con números. La señora Cat de su oficina resulta que se dedica a diseñar formas de colores e imprimirlas. Y Mamá Pig sigue siendo la entrañable ama de casa que cocina de rechupete. Porque la patrulla canina son una panda de chicos, y una chica (que se sabe que es una chica porque obviamente va completamente de rosa, mientras el resto de otros colores…. bueno, son chicos, pueden ser del color que quieran menos rosas). Porque los pasillos de juguetes siguen siendo rosas para niña, con mogollón de bebés, y azules para niño, con mogollón de coches y armas. Las mujeres como cuidadoras oficiales. Los hombres siempre fuertes, arriesgados, y que, por supuesto, nunca lloran.

  • Cuidados del hogar y familiares interiorizados. Según el Informe sobre la brecha de género 2022, «El porcentaje de mujeres que se acogieron en 2021 a jornada parcial por cuidado de familiares ascendió al 16,29% y el 95% de las personas que redujo su jornada por cuidados era mujer. La reducción de jornada no es el único sacrificio laboral por cuestión de cuidados que realizan las mujeres. También las estadísticas sobre permisos no remunerados, excedencias, son totalmente femeninas. En 2020, fueron quienes pidieron el 97 % de excedencias para cuidar a hijos y el 96 % para cuidar a otros familiares». Poco más que añadir, además de lo que ya vivimos a nuestro alrededor. Quizá os suene esta cotidianidad.

  • Presión social por la apariencia física como símbolo de éxito:
    • TCAs: Trastornos de Conducta Alimentaria que vienen por el mensaje social unísono de mujeres inalcanzables. Cuerpos enfermizos, estándares de belleza que no se corresponden con la realidad. Modelos hiperdelgadas, pechos perfectos operados, labios gruesos, nariz pequeña, piel sin poros, sin celulitis. Los TCA son más frecuentes en mujeres (9 de cada 10 casos). El 94% de los afectados son mujeres de 12 a 36 años. 6 de cada 10 chicas creen que serían más felices si estuvieran más delgadas y alrededor del 30% de ellas revela conductas patológicas (Fuente: Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, SEMG). Mi hija de 5 años hoy día se acaricia su tripita saliente orgullosa, dice que tiene los ojos de mamá y la tripa de papá. ¿Cuánto tiempo creéis que le durará esa actitud a Mariflor?
    • Cultura del anti-envejecimiento: tintes, cremas, tratamientos de belleza, botox, cirugía estética. Esta presión implica tanto consecuencias psicológicas como económicas, ya que todos estos tratamientos están dirigidos principalmente a las mujeres. Quienes, irónicamente, tienen un poder adquisitivo generalmente inferior al del hombre (por bastantes de las razones mencionadas).
    • Cultura de la mujer como elemento decorativo: A ellos se les educa a priorizar la belleza a la hora de elegir pareja, mientras que a nosotras se nos educa en que sean «interesantes», «inteligentes», que nos iluminen con su perspicacia y nos enseñen de qué va la vida. Lo de la belleza no tiene absolutamente ninguna importancia. Yo he sido de las que predicaba «a mí me gustan más los feos, porque se lo han tenido que currar más y son más interesantes«. ¿Os imaginais escuchar esto en boca de un hombre? Oh well. Maquillaje, tacones, faldas. El eterno debate de «puedes elegir no hacerlo». ¿Puedes elegir no maquillarte, siendo mujer? Sí, claro. Nadie te va a obligar a ello, solo faltaba. ¿Puedes elegir libremente no maquillarte? La respuesta es no. Porque la cultura está grabada en tu parte emocional, no solo la racional. La cultura en la que has crecido te ha enseñado a ver a las mujeres maquilladas y teñidas como sinónimo de belleza, sin que tengas si quiera que procesarlo por tu cerebro racional. La cultura ha moldeado mi autoestima para que me sienta insegura si no sigo las reglas. Si eres mujer y sales a la calle sin maquillar y con tu pelo gris, tienes que haber hecho mucho trabajo interior para que no te afecte la mirada de la sociedad, que te estará diciendo «tienes mala cara, ¿qué te pasa?«, «¿te encuentras mal?, «te has hechado 20 años encima desde que no te tiñes«, «qué mayor está, mira cómo se ha descuidado«.

  • Unconcious Bias: Es un término inglés que significa «sesgo inconsciente». Son suposiciones, creencias o actitudes adquiridas que e crean de manera automática para nuestra propia supervivencia. No son malos, pero pueden convertirse si no somos conscientes de ellos. Y la realidad es que no somos conscientes de lo inconscientes que somos. Así como solemos tratar con más respeto al director que al becario, una entrevista de trabajo con las mismas cualidades y calificaciones no causará la misma impresión si la hace un hombre que si la hace una mujer. Al igual que no nos resulta raro escuchar a un hombre presumir de sus logros en un entorno laboral, pero nos chirría si lo hace una mujer. Al igual que tampoco nos resulta extraño un jefe serio que dirige una hora de reunión en la más estricta seriedad, sin esbozar sonrisa, pero si lo hace una mujer la consideramos una amargada. Sesgos hay de muchos tipos, no solo de género, y es importante ser conscientes de ellos para evitar tomar decisiones y actitudes equivocadas. Aquí otro artículo de ampliación, y consejo extra: hay muchísimos cursos sobre unconcious bias que nos enseñan un montón sobre nosotros mismos. Os recomiendo indagar en LinkedIn o coursera.

  • Las mujeres invisibles o el Sesgo de género: Esto da para un libro. Es más, lo hay: La mujer Invisible, de Caroline Criado, que os recomiendo encarecidamente. «La representación del mundo, como el mismo mundo, es hora de los hombres; ellos lo describen desde su punto de vista, que confunden con la verdad absoluta» – Simone de Beauvoir.
    • En general: ¿Te imaginas cómo sería vivir en un mundo en el que tu teléfono móvil es demasiado grande para tu mano? ¿En el que tienes un 47 % más de probabilidades de morir que tu pareja en caso de sufrir un accidente? ¿En el que un fármaco prescrito por el médico produce efectos secundarios en tu organismo? Si estás familiarizada con estas situaciones, con toda probabilidad eres una mujer. (Cita textual del libro)
    • En la historia: ¿Por qué en los libros del colegio la historia la han hecho los hombres? ¿Por qué todas las figuras históricas y personajes ilustres son hombres, y las mujeres las contamos con los dedos de una mano? Escritores, Reyes, conquistadores, investigadores. ¿Qué pasa, que las mujeres no hacían nada destacable? ¿En ningún área? No. Lo que pasa es que se silenciaba: nada que tuviera la autoría de una mujer podía ser un logro público. Por eso muchas obras e invenciones son firmadas por sus maridos, robadas por sus profesores o firmadas por un personaje masculino para poder ser tenidas en cuenta. Y así, la mujer ha sido invisible a lo largo de toda la historia.
    • En Medicina: Como hemos comentado antes, el hombre y la mujer son diferentes, y su cuerpo funciona diferente. A nivel hormonal, biológico. ¿Por qué hay tan pocos datos de los efectos secundarios de los medicamentos en mujeres? Durante décadas ha habido un sesgo de género en la investigación médica, puesto que las mujeres, por los cambios hormonales y por cuestiones de seguridad, no eran incluidas en ensayos clínicos. Cuando se ha hecho, los resultados se han aplicado igual tanto en hombres como en mujeres, a pesar de que la participación de las mujeres fuera menor. El retraso diagnóstico mayor en las mujeres que en los hombres se ha identificado en más de 700 enfermedades, con la única excepción de la osteoporosis. Por poner un ejemplo, a pesar de que varios estudios científicos concluyen que las mujeres que toman medicamentos cardiovasculares tienen entre 2 y 2,5 veces más probabilidades de padecer efectos secundarios y adversos que los hombres con el mismo fármaco, los profesionales sanitarios siguen utilizando las mismas dosis para ambos sexos. A pesar de que las enfermedades vasculares tienen más incidencia en hombres, la mortalidad es mayor en mujeres por su peor diagnóstico. Y un largo etcétera.

  • Violación de derechos de la mujer a nivel mundial: lo que aquí es «si yo no me acuerdo no se hace», en otros países se traduce en «no tengo derecho a estudiar», «no puedo vestirme como quiera», «no tengo derecho a decidir si quiero tener relaciones sexuales o no» y un largo etcétera. Parece arcaico, irreal, imposible, pero no lo es: esto ocurre hoy día en muchos lugares del mundo. Véase el caso flagrante de la supresión de la mujer en Afganistan en todas las esferas con la llegada al poder de los talibanes. Además, casi la mitad de las mujeres en 57 países en desarrollo no tienen el derecho a decidir si quieren tener relaciones sexuales con sus parejas, usar anticonceptivos o buscar atención sanitaria, según el informe sobre el Estado de la Población Mundial 2021 -Fondo de Población de las Naciones Unidas-. Sigue existiendo la trata, la explotación sexual, mutilación genital, matrimonio infantil, la violación sistemática de derechos humanos. Según el Banco Mundial, 104 países tienen leyes que impiden a las mujeres realizar determinados trabajos y 18 con leyes que permiten a los maridos impedir legalmente trabajar a sus esposas. Podéis ampliar más aquí, y en muchísimas otras webs oficiales.

  • Violencia machista: sí, claro que hay hombres maltratados, y asesinados por sus parejas. Y no trato de restarles importancia, trato de decir que cuando hablamos de violencia racista no contraatacamos con que «también hay blancos maltratados». Sí, los hay, pero eso no niega que haya una tendencia. Negarla es mirar hacia otro lado.
    • A nivel global, alrededor de 81,000 mujeres y niñas fueron asesinadas en el 2020. El 58% por sus parejas o familiares. Esto equivale a una mujer o niña asesinada cada 11 minutos por personas que conocen. Os dejo de nuevo donde ampliar aquí
    • A nivel mundial, la violencia contra las mujeres afecta de forma desproporcionada a los países y regiones de ingresos bajos y medios bajos. El 37% de las mujeres de entre 15 y 49 años de estos países han sufrido violencia física y/o sexual por parte de su pareja. El 22% de las mujeres en estos países han sido objeto de violencia de pareja en los últimos 12 meses, siendo la media mundial del 13%.
    • El único dato oficial disponible sobre denuncias falsas lo da la Fiscalía, que según las cifras publicadas en la última memoria de 2022, las denuncias falsas por violencia de género representan menos del 0,01% del total de denuncias presentadas. Aquí os dejo un artículo muy completito sobre este tipo de argumentos.
    • No hace falta irse muy lejos: ¿cuántas mujeres han tenido miedo al volver a casa sola, de noche? ¿cuántas hemos ido corriendo de la parada del autobús hacia el portal? ¿cuántas hemos sufrido los silbidos y acoso callejero con piropos obscenos, y las que nos hemos muerto de vergüenza hemos sido nosotras, acelerando el paso?

Joyitas actuales de los medios en pleno 2022, que nos dejan muy claro que el machismo no es cosa del pasado:

  • Sara García, primera astronauta española. Licenciada en biotecnología, investigadora contra el cáncer en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas. Habla español, inglés, francés y portugués, es aficionada al submarinismo y paracaidismo y practricante del arte marcial israelí del krav magal. Conclusión: es imposible que alguien pueda molar más a los 33 años. ¿Qué destaca Mediaset en el titular de su entrevista?: «Sara García, astronauta: “Me gusta todo, desde cocinar y hacer ‘crochet’ hasta diseñar mi ropa y mis muebles”.
  • Manadas y estudiantes como los del Colegio Mayor Santa Mónica, que gritan como animales «Putas, salid de vuestras madrigueras. Sois todas unas ninfómanas. Os prometo que vais a follar todas en la capea» y gran parte de la población lo toma como «una chiquillada». Se expulsa temporalmente a uno de los chavales al que luego se admite y aquí paz y después gloria.
  • MARCA y su polémico titular «La estricta dieta que lleva la princesa Leonor para enamorar a Gavi» que es para llevarse las manos a la cabeza. Aquí la opinión de una pediatra muy conocida, Lucía mi pediatra.
  • La también polémica campaña de ZARA (aquí), donde las mujeres obviamente vamos a la nieve con ropa de nieve para pasar frío y estar guapas, y los hombres van… pues a qué van a ir, a esquiar a toda leche.

No teneis más que abrir cualquier revista considerada «femenina»: ¿cuántos artículos hablan sobre perder peso, disimular arrugas, manicura o «vestidazos»? ¿cuántas de las revistas con público objetivo masculino hablan de esto?

Me dejo 3 grandes bloques para un próximo post. Porque cuando escribo el tiempo se me pasa volando, y luego pasa lo de siempre: que no me da la vida. Que si la lavadora, que si la cena.

Action items sobre los que escribiré otro día:

  • Vientres de alquiler: que como todo el mundo sabe son eso, vientres, vasijas, medios. No personas.
  • Brecha salarial: O eso que algunas personas creen que no existe. Según los últimos datos de Eurostat, la brecha salarial se fija en el 9,4% en relación al salario/hora, lo que nos sitúa en el octavo puesto a nivel comunitario de las brechas más bajas en relación al salario/hora. En la UE las mujeres cobran de media un 13% menos por hora que los hombres, lo que equivale a un mes y medio de salario al año (47 días de sueldo).
  • Menos mujeres en puestos directivos, necesidad de quotas: Intrínsecamente relacionado con el contenido anterior, pero merece ser tratado como punto específico. En España, menos del 35% de los cargos de responsabilidad directiva los ocupan mujeres según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). ¿Por qué será?

Y con esto y un bizcocho (por si este super post no os ha empachado lo suficiente), me voy a por Monete y Mariflor – ¡os quiero, mis chicas!

Feliz Navidad a todos, y Buen comienzo de 2023.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: