De nuevo en la oficina

Pues sí, he vuelto. Después de la pesadilla del hace dos semanas (post aquí), no he escarmentado y hoy he decidido volver a la oficina. No ha sido una decisión espontánea: hoy he quedado con mi equipo para conocer en persona y a la vez despedir a una de las compañeras que más me ha ayudado hasta hora. He venido, aunque eso me suponga levantarme a las 5 de la mañana y arreglarme cual ninja silencioso en la jungla para no despertar a Monete y Mariflor.

Y he vuelto a caer en la trampa. Al salir puse el GPS, esta vez cerca de donde recordaba que estaba el parking, suponiendo que me llevaría por el mismo camino que la vez pasada. Craso error. A las 6am está todo oscurísimo, pero veía lo suficiente para confirmar que no tenía ni idea de donde estaba yendo. Mi móvil estaba en modo oscuro, así que mirar la pantalla tampoco ayudaba. Confiaba en que a esas hora no habría ni Peter en la carretera, pero me equivoqué. No podía titubear al vislumbrar una salida, sabiendo que no tenía nadie detrás. Afinando mi oído al máximo, seguí las indicaciones de Miss Google Maps y ¡zas! salí del último tunel infernal directamente al parking… si no fuera porque mi inercia me hizo dejarlo a la derecha, y me pasé la entrada. Busqué un par de minutos más y encontré otra entrada. Perfecto. Busqué la Torre Cepsa y respiré aliviada al coger el desvío. Pero no, no iba a ser tan fácil. La puerta estaba cerrada a cal y canto.

Ahí estaba yo de nuevo, en medio del túnel distribuidor de Plaza Castilla, con los warnings puestos y sin saber qué narices hacer. Me bajé del coche y busqué algún telefonillo, alguien de seguridad, algo. Los coches pasaban, los conductores me miraban estupefactos. ¿Qué narices hace una chica parada en medio de un túnel a las 6,30am de la mañana?. Me di la vuelta hasta que encontré otra puerta negra de parking, siempre cerrada. Pero esta vez con telefonillo.

La voz de un amable señorzuelo me indicó que debía seguir girando, y tres puertas cerradas más, encontraría la buena. Me sentí como en un escape room, pero sin la parte divertida. Al llegar a la puerta abierta, la valla no se levantó para dejarme pasar. Tuve que lidiar un buen rato con seguridad, dando de nuevo todos mis datos y jurando que mis intenciones eran buenas. Por fin pasé, bajé a mi placita y subí directa a mi planta. Planta 20. Hora: 7 de la mañana. Ascensor de cristal con vistas a todo Madrid. Estómago del revés, vértigo y desasogiego campando a sus anchas. Cuando llegué a mi planta, deja vù: mi badge no funcionaba. De nuevo vuelta a la planta 22, lidiar con seguridad, con vértigo y desasosiego, y vuelta a mi planta.

Y aquí estoy, sola solísima en una oficina enorme y deseando que lleguen mis compañeros, y la hora de comer, y la de salir y no volver por aquí en un largo tiempo.

Pero es viernes y hoy todo huele bien.

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