Shocks de ser mamá

O lo que yo he aprendido de mi maternidad (que no tiene porque ser compartido por el resto de madres, cada una lo vive diferente)

  • Que el embarazo no es la etapa más maravillosa de tu vida, o al menos no la mía. Que tus órganos se apretujan, se te desplaza la columna, y es difícil andar más de 10 minutos sin querer ir al baño. Que puedes pasarte 9 meses con vómitos, sensación de resaca constante, ardores, dolor en el coxis, resentimiento en las rodillas, tirones de ligaduras. Y sí, te encanta sentir a tu bebé (aunque al dormir, él/ella se despierte y se ponga a practicar kickboxing). Pero que esto no te lo habían contado.

  • Que el postparto y el puerperio no solo son palabras raras, sino realidades. Que puedes pasarte semanas llorando sin saber muy bien por qué, con una angustia en el pecho por si le pasa algo a tu bebé. Esto me pasó cuando nació la primera, Mariflor. Aún recuerdo la primera noche en casa, llegar del hospital exhultante con Mariflor y pedir sushi. Exactamente como había planeado durante todo mi embarazo sushi-free. Mariflor dormía plácidamente, mi marido preparó la mesa, llegó el sushi, y yo… no podía parar de llorar. No tenía ni idea por qué, pero las lágrimas no dejaban de salir. Apenas probé dos bocados y me marché con Mariflor a dormir.

  • Que la depresión postparto existe, y es compatible con querer y cuidar a tu bebé como si no hubiera un mañana. Y que tampoco es cosa de personas con histórico depresivo. Esto me pasó con Monete, la segunda. Su parto fue todo menos idílico y pasamos una semana dura en la UCI, aunque ella salió sana sanísima y siempre lo estuvo desde entonces. Pero su llegada fue como una bomba atómica, que fulminó en pedacitos cualquier situación anterior.

  • Que la presión por «recuperar tu figura», como si alguna vez la hubieses perdido, está ahí y es abrumadora. Has tardado 9 largos meses en crear una vida dentro de tu cuerpo, pero la sociedad espera que en tus primeras apariciones sociales estés ya «recuperada». «Parece que no has tenido hijos» se convierte en el mejor piropo, a pesar de lo intrínsicamente insultante. Acabo de crear lo más jodidamente maravilloso del universo, un bebé, ¿por qué querría esconderlo como si nunca hubiera sucedido?. Tu mente ha recorrido un maratón de 380.000 km, estás a años luz de como eras antes de quedarte embarazada, pero sin embargo, tu cuerpo se espera que sea exactamente el mismo. «Oh, ¿has visto a X? Ha sido tener hijos y le ha destrozado el cuerpo. Pobre«. Este comentario lo he oído (y probablemente hecho antes de ser madre) mil y una veces.

  • Que por muchas noches de empalme que hayas ido a trabajar, no estás mínimamente preparada para la privación de sueño que sufres al ser mamá. ¿Cuántas conversaciones de besugos habré mantenido con mi marido por la noche, entre Monete y Marisol? Incontables. La falta de sueño te hace desvariar en su faceta divertida, y no funcionar como deberías en el resto de facetas.

Que aun con todo, crear una vida, tener a tu personita nueva en brazos, sentir su olor, sus soniditos de bebé, sus movimiéntos espasmódicos y descoordinados… es la experiencia más increíble, maravillosa e indescriptible. Que me hubiera gustado más saber la realidad del embarazo y puerperio en vez de tener en la cabeza la ingenuidad de una mujer de anuncio de compresas: . Pero que todo merece la pena por Monete y Marisol, también.

Y con esto y un bizcocho, termino mi post escrito en dos días diferentes y terminado en lo que iba a ser mi descanso para el café. ¡Al lío, que no llego a todo!

El embarazo, maravilla, nubes, arcoiris y purpurina. Todo fenomenal.

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