Let it go

¿Qué pasa cuando creces, y te das cuenta de que ya poco tienes en común con las personas de tu círculo más cercano? ¿Qué ocurre cuando pasas de no plantearte nada y compartirlo todo, a dejar de compartir tu día a día y formar tus propios valores, pilares y visión de la vida? ¿Cómo superar ese abismo de distancia entre las personas que erais, y las que sois? ¿Acaso se puede?

Es algo que me ha ocurrido, y aún sigo en el duelo que me lleva a intentar aferrarme y rescatar aquello que fue. Me impide pasar página, asumir y soltar. Que las vidas cambian, evolucionan de forma diferente y la persona que conociste ayer no es la de hoy. Ni tú lo eres. Y puede que aunque ayer el lazo pareciera inquebrantable, hoy te preguntes cómo podrías remendar ese hilo casi invisible. Si hay salvación posible.

Estoy a favor de la diversidad. De escuchar opiniones diferentes. ¿Pero qué pasa cuando te rodeas de muchas opiniones muy diferentes a la tuya, y muy parecidas entre sí? Que el sentimiento de pertenencia se anula. Se bloquea. Es difícil sentir cerca a esas personas que piensan tan diferente, en aspectos tan fundamentales de la vida. Es como cuando viajas, y te expones a diferentes idiomas. Es genial hablar en otro idioma, entender diferentes culturas. Pero joder, qué bien sienta hablar con alguien de vez en cuando en tu idioma natal. Ser tú. Sentirte en casa.

A veces es desafortunado que tus personas más cercanas y tú crezcáis en direcciones opuestas. A veces me gustaría recolectar a esas otras personas, también cercanas, que están dispersas en diferentes círculos, y verlas más a menudo. Para sentirme comprendida. Libre de expresarme. De ser yo. Para sentir la chispa y el entusiasmo de hablar de temas comunes, compartir experiencias, construir sobre nuestros pilares, debatir y sentirnos en el mismo lado de la historia. Como si observásemos un paisaje desde el mismo banco, y lo comentásemos – sintiéndonos entendidas.

A veces siento que vivo en un mundo y una realidad desconectada de muchas de las personas que siempre fueron mis favoritas. Eso me aleja, me enfada, me frustra. Y sé que no tiene sentido, y que es absurdo luchar contra eso. La evolución personal de cada uno es la que es. Y aunque de adolescentes compartíamos todo, nuestra cotidianidad, y nuestros dilemas, y nos preocupaban poco ciertos temas vitales… hemos tenido vivencias, circunstancias, y círculos de influencia muy diferentes unos de otros. Y a día de hoy, parece un milagro tener alguna coincidencia.

A veces me pregunto dónde está la línea de lo políticamente respetable, y lo humanamente respetable. Pero eso es otro melón…

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