¿Dónde irán las cosas no dichas? Los enfados silenciados, las distancias provocadas bajo disfraces de «no me da la vida«. Donde irán las palabras que nunca llegaron a su destinatario real. Las emociones reprimidas, las conversaciones nunca sostenidas. Dónde irán las verdades no enunciadas. Las reflexiones no compartidas. El dolor, o el amor, que nunca vio la luz. Las decepciones sepultadas.
¿Dónde irá todo lo que nos quedó por decir?
Se juntará con los pares de calcetines que nunca volvieron, en el universo de horquillas perdidas. En algún lugar donde se esconden viejas pelotas de tenis, gafas de sol y algún que otro auricular solitario.
Quizás en ese universo paralelo, las cosas no dichas rebotan de pared en pared, provocando un eco que resuena en las inmensidades. Quizás todas ellas se cruzan, se entrelazan y se escapan de nuevo, en una suerte de serpenteo sobre el cielo de ese universo paralelo. Quizás sean en realidad las estrellas fugaces de ese universo. Tal vez sus habitantes las observen desde lejos, escuchen sus ecos, y también pidan un deseo. Aunque el único deseo posible es que, en algún momento, esas estrellas fugaces sean libres. Abandonen ese universo de causas perdidas. Y resuenen en éste, donde pertenecen. Donde pueden abrir heridas, sí… Pero también sanarlas.



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