La era del individualismo radical

Sí, es verdad, el mundo se está polarizando cada vez más. Cada vez hay menos posibilidad de hablar de política sin salir escaldados, mantener un debate constructivo, o sencillamente conservar amistades de diferente pensamiento político.

Pero a la par que vemos como la política nos separa vada vez más, lo hace también la perspectiva individualista, que está intrínsicamente relacionada con esta tendencia. Y a mí, sinceramente, es la que más me preocupa.

Me preocupa que no busquemos el bien común, si no únicamente el propio. Que nos sea indiferente el de al lado, por muy injusta que sea su situación. Que la empatía sea cada vez más difícil, porque «hay que mirar por uno mismo«. Porque a veces, todo este movimiento de la salud mental y la terapia se mece en un hedonismo hiperindividualista normalizado y alentado.

Es cierto también que venimos de todo lo contrario. De dejarnos llevar por las normas sociales, por la cultura popular, por lo que había que hacer sí o sí. Venimos de la negación y la supresión de nuestras propias emociones, y eso deja traumita generacional. Entiendo que era necesario revisar muchas cosas que antes se daban por sentado. Agradezco el cambio de mirada, en el que las emociones sí importan y se empiezan a enseñar a gestionar. Pero con todo este cambio positivo, también hay veces que nos hemos pasado de frenada. Y vamos mirando cada vez más a lo nuestro: si nos viene bien a nosotros, si nos hace la vida más fácil… y culpando al resto si no es así.

Me preocupa que no ayudemos porque sí, sin retorno de la inversión a cambio. Que no asumamos que nosotros también tenemos responsabilidad en cómo se siente el otro y no todo gira en torno nuestro. Que no aceptemos que en toda relación hay bajadas, al igual que hay subidas. Y que a veces los problemas (siempre que no sean relaciones de abuso, irrespetuosas o vayan contra los derechos humanos), están para pelearlos. Para hacernos más fuertes. Para aprender a entender al otro. A veces no consiste en quedar por encima, tener la última palabra o ganar la discusión. La mayoría de las veces consiste en encontrar un punto en común, intentar entender al otro para poder construir entre ambos. No instaurar nuestro único punto de vista, si no poder tejer un entramado social donde se busquen puntos de encuentro, y actuemos como los seres sociales que somos.

Me preocupa que mis hijas aprendan esto. Que no quepa el altruismo en una sociedad hedonista, donde todos los reels hablan de narcisismo: pero los narcisistas son otros. Me gustaría que mis hijas tuvieran claros sus límites, se hicieran respetar y siguieran luchando por sus derechos. Me gustaría enseñarles a gestionar sus emociones, y todos los días les repito que son importantes, porque lo son y quiero que lo vean. Que tengan autoestima. Y que esa autoestima les sirva para querer construir una sociedad mejor, donde cuidemos unos de otros. Donde ellas no sufran bullying, pero tampoco lo hagan. Donde sean capaz de ver desigualdades, y actuar. Donde la elección entre hacer algo bien o aprovecharse cuando nadie mire, sea fácil. Me gustaría que aprendan que entender al otro es uno de los mejores dones que pueden cultivar. Me gustaría que sean generosas, y que eso no se vea como un punto débil. No quiero que mis hijas sean sumisas, pero tampoco indiferentes.

Ojalá el espíritu navideño se quedase un poquito más. Unos 365 días al año.

Y para los que creéis que la inteligencia artificial nos va a reemplazar ya, os dejo esta imagen que me acaba de crear y resume muy bien sus capacidades:

Claro que sí, guapi.

¡FELIZ NAVIDAD A TOD@S!

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