Neverending story

Deseando leer el nuevo libro de Agustina Herrero, HOY

¿Quién nos ha sellado la etiqueta de por vida de encargadas de regalos de cumpleaños? ¿Quién ha decidido que somos nosotras única y exclusivamente las que nos encargamos de la ropa de nuestr@s hij@s, del cambio de armario, de saber sus tallas, de saber combinar, de estar pendientes cuando necesitan pantalones, jerseys o zapatillas? ¿Quién nos presupone las responsables de comprar todos los regalos de todos los cumpleaños familiares? ¿Quién nos ha encomendado la misión de organizar eventos y planes de ocio los fines de semana, acordarnos de fechas señaladas y preocuparnos por el bienestar de nuestro entorno preguntando qué tal de forma regular?

Estoy harta de ser parte de grupos de whatsapps de cumpleaños en los que SOLO hay madres. Estoy cansada de que me añadan, sin mala intención, porque se da por sentado que somos nosotras, solo nosotras y siempre nosotras, las que nos encargamos de estas cosas. Not all women pero siempre women. De tener mil grupos de whatsapps de 80 cumpleaños y hablar sobre ideas de regalos, de acordar quien se encarga, de hacer bizum. De preguntar si pueden ir herman@s, de acordar día y hora.

Estoy cansada de todas las cosas que hay detrás de las cosas. Del tejido invisible que sostenemos las mujeres, no retribuido, ni reconocido, ni priorizado por nadie. De la carga mental de siempre, que mucho se habla pero poco se hace. De los cuidados, que distan mucho de estar en el centro. De que se pagan sueldos millonarios por puestos prescindibles en multinacionales, pero lo más indispensable en la vida que es crear, cuida, criar y educar a una persona nueva no solo no está ni remunerado, si no que cada vez lo hacen más complicado. Porque ya no vale un sueldo en casa. Porque las mujeres nos hemos metido de lleno en lo laboral, porque hemos demostrado que capacidad de liderazgo nos sobra. Porque nos han educado en la cultura de que ser ambiciosa es querer promocionar en tu trabajo. Y que la ambición es buena, y que tu trabajo define quién eres. Soy María, Head of Finance en Walmart. Soy Pedro, Senior Project Manager en Google. Así vamos estrechando manos y ubicando mentalmente a la gente. Uy este, qué crack. Esta pobre, bueno. Y seguimos pensando que tenemos que demostrar al resto que seguimos creciendo, porque el postureo de Linkedin nos recuerda cómo lo están haciendo los demás y nosotros no. Porque por supuesto crecer significa ascender profesionalmente. Y todo esto tiene un precio, y se paga en casa.

Que ya no vale un sueldo. Necesitamos dos en casa. Pero eso implica que los recursos han disminuido. Y el tiempo y la dedicación de mantener una casa, una familia, una educación, una conciliación, también. Tenemos menos dinero y menos recursos. Y seguimos, además, priorizando el crecimiento profesional. Porque si alguien te dice que está priorizando crecer como madre (ya como padre ni te cuento la ida de olla), como persona, formarse y dedicar tiempo a la educación y crianza, a la gestión de presupuesto y logística de una casa, a encontrar nuevas formas de acompañar y enseñar a sus hijos en todas las facetas (emocional, financiera, etc), dirías que esa persona está loca, es una millonaria aburrida o es una loser. Una tradwife. O weirdhusband. No sé cual es el equivalente ni creo que lo haya.

Me encanta mi trabajo. Es una de las pocas veces en mi carrera que he dicho joder, cómo me gusta lo que hago. Me pasaría mil horas. Sé que soy una afortunada. Me gusta darlo todo en mi trabajo, también. Pero como soy humana luego en casa no llego a todo, y la mesa siempre cojea por la misma pata. Siempre la misma. Y me fastidia, porque en realidad las prioridades las tenemos del revés. Y parece que las 8-9h del trabajo son intocables, y el resto es secundario. Y no. Pero claro, cuando pasas tantas horas al día en el trabajo, las 3-4h al día que te quedan no te da tiempo a nada. A pasar tiempo de calidad con tus hij@s, a hacer una cena equilibrada y saludable, a los baños, al cuento, a contestar todos los whatsapps de cumpleaños, a las lavadoras, a ordenar. No hablemos ya de formarnos en NADA, ni de aprender cómo ser mejores padres. Cómo evolucionar en esto de educar. Cómo enseñarles a nuestr@s hijos cosas que nos hubiera gustado saber a nosotros. Cómo resolver conflictos. Cómo gestionar emociones. Cómo enseño a mi hija a calmar una rabieta si no sé controlar las mías, y solo las reprimo. Cómo gestionar el dinero. O sencillamente pararse con ellos y estar. Abrazar. Jugar. No pensar en ser productivos, si no en crear vínculo y disfrutar.

Cómo se hace todo eso, si el mundo funciona al revés.

Cómo se hace todo esto, si el mundo presupone que los grupos de padres siempre son de madres. Eso es así y punto. Y las ropas son cosas de las mamás, claro, que sois mejores con la ropa y se os da mejor. Y organizar, sois más planificadoras también, normal. Y jolin, es que sois mucho más detallistas las mujeres, sois así. Y sois más de hablar y preguntar qué tal y precouparos, es que vosotras sois más así. Y es que además, vosotras vais a mil por hora y pensais en mil cosas a la vez. Que si planes, que si la cita de la tutora, que si la comida. Nosotros es que no podemos. Nosotros somos más simples.

Me encantaría poder usar estas razones que tengo trilladísimas por todas las veces que las he escuchado (no hablo de mi caso, si no de absolutamente todo mi entorno. Amigas y amigos que me cuentan lo mismo.) las aplicasen al entorno laboral ¿Porqué extrañamente estas altas capacidades solo se dan por sentado en casa? Si todo ese razonamiento es verdad, las mujeres deberíamos estar copando las posiciones de poder en todas las empresas y gobiernos. Si tan cracks somos. Qué ironía, no. Qué ironía tan bien pensada.

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