A veces mamá tiene truenos en la cabeza

Me he levantado de la cama y he venido al ordenador. Tengo sueño, preferiría estar durmiendo. He pensado en dejarlo para mañana. Como hago siempre con esto de escribir. «Mañana tendré tiempo«. Pero la verdad es que nunca es así. Y además, mañana mis pensamientos serán distintos. Como cuando sacas una foto, que el resultado dependerá de la luz, del momento del día, del lugar… escribir es bastante parecido.

Esta mañana mis hijas me han sacado de quicio. Llevan una temporada de mucha intensidad, y con intensidad me refiero a gritos, lloros y rabietas mañana y tarde. Es agotador. Me roba la energía. Recuerdo que cuando eran bebés me inventé la canción de «mamá es un ser humano«, y decía «mamá es un ser humano y necesita… [insertar aquí necesidad básica no cubierta en ese momento, ejemplo dormir/comer/ducharse]«. Es muy pegadiza. La verdad sea dicha, les hago temazos. Aún se la canto. Y como bien dice la canción, mamá es un ser humano. Y no siempre es la mamá que le gustaría ser. Mamá tiene cambios hormonales, malos días, y también una paciencia finita. Mamá a veces reacciona mal, no puede con tantas rabietas, tantos gritos y tanta tensión y estalla. Y grita, y echa broncas, y va a esconderse en el baño porque no puede más. Esta mañana pasó eso. Las prisas de ir al cole, las rabietas consecutivas, los gritos. Mamá ha quedado lejos de la mamá que le gustaría ser. La mamá que ayuda a manejar emociones fuertes, la que guía y sostiene desde la calma. Según escribo me la imagino como alguna deidad, atusándose el pelo.

Cuando las he llevado al cole me ha pasado lo de siempre, que me desmorono y me siento la peor madre de este universo y parte del otro. Y siento que no lo estoy sabiendo hacer. Aunque la mayor parte del tiempo creo que estoy haciendo un buen trabajo, en este tipo de situaciones, el mundo se me cae encima. Y siento unas ganas de llorar irreprimibles. Les he pedido perdón, como siempre que pasa esto, unas cuentas veces. Les he dicho que al igual que ellas están aprendiendo a manejar esas emociones tan grandes, yo también estoy aprendiendo a ser mamá. Y me voy a equivocar muchas veces aunque no quiera. Pero voy a intentar hacerlo mejor cada día, y espero que ellas también.

He llegado a casa y he dado un training frente a más de 120 personas (eso sí, por videoconferencia) con la moral pegada al subsuelo como un chicle. Suerte de tener a dos co-presentadoras conmigo que son unas cracks. Me he imbuido en calls, slacks y documentos hasta medio día, cuando he decidido usar mi media hora de comida para despejarme. Tampoco es que haya ido muy lejos, pero he llegado hasta la librería del otro lado de la plaza. Necesitaba ir a un sitio que me levantase el ánimo. Ver cosas bonitas. Y al mirar al escaparate lo he visto: Mamá a veces tiene truenos en la cabeza. Un libro para niños como tantos otros que le acompañaban en aquella estantería azul.

Ha sido, en cierto modo, reconfortante. Ponerle nombre a cómo me sentía, y ver que quizás no era la única. No he podido comprarlo porque la persona a cargo de la tienda había salido en ese momento y estaba cerrada, pero mañana volveré a por él. Quizás sea una buena forma de que mis hijas entiendan que mamá es un ser humano, y a veces no es la mamá que le gustaría ser. Pero está en ello. Cada día.

Cada día.

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