A veces, es mejor elegir la paz.

Quizás, solo quizás, no valemos tanto como pensamos. Quizás pensamos que estamos haciendo las cosas mejor de lo que somos percibidos. Quizás estamos convencidos de que merecemos cosas, que en realidad, solo quizás, no las merezcamos tanto.

Dicen que vales tanto como los ojos de quien te mira. No sé si es así el dicho, pero me gusta esta frase. Me enfada por una parte, porque parece que debamos resignarnos a depositar todo nuestro valor en la mirada externa. En la validación de los demás. Y no es así. Podemos no relucir simplemente porque nuestro contexto no es el adecuado. Porque nuestro entorno no es el que encaja con nosotros y con nuestra personalidad. Porque somos como una pieza perdida en el puzle equivocado.

Pero a la vez, millones de moscas no pueden estar aquivocadas. Siempre nos han enseñado a observar las tendencias, y si recibes cierto número de reacciones similares, pues quizás empieces a creer que el problema eres tú. Porque el problema no siempre es el resto. No siempre vivimos rodeados de narcisistas y personas tóxicas. A veces tenemos que hacer honor al «amiga date cuenta», y despertar de nuestro ensimismamiento. Romper esa rechazo natural que tenemos hacia la autocrítica y abrazar nuestras debilidades. Y reconocer que, a veces, los tóxicos somos nosotros.

O quizás, solo quizás, no eres tan bueno en tu trabajo como tú crees. Y lo crees con todas tus fuerzas, lo sé. O tal vez, no eres tan fundamental en tu familia y sin ti no se desmoronaría nada, si no que se harían las cosas de otra forma.

Tal vez tu dolor frente a las actitudes ajenas no te deja ver que tú has influido también en esas reacciones, y tienes tu parte de responsabilidad. Y que, amiga, aunque siempre pienses que la razón es parte inherente de ti, a veces no la tienes. E incluso a veces, solo a veces, es preferible tener paz a tener razón.

Deja un comentario