Es como si estuviera, cada vez, más inmersa. No sé muy bien en qué, pero si fuera una esponja, llevaría ya meses en modo absorción. Me cuesta soltar, relajar, expresar. Estoy con hambre y sed de información, de aprendizajes, de una búsqueda de la perfección que a veces me vuelve un poco loca. Intento encontrar la senda correcta, la que encaja para mí. Intento moldearme y aprender cosas nuevas, para poder llegar donde quiero.
Aprender a manejar mejor el dinero. Aprender a comer mejor. Aprender a cuidar mejor mi cerebro. Aprender nuevas formas de educar. Desaprender patrones. Aprender los mejores ejercicios. A cómo mantener la rutina. Cómo manejar y programar mejor mi tiempo. Solo después de recorrer mucho trecho en cada uno de estos aprendizajes, es cuando veo que no hay una sola forma correcta de hacerlo. Hay varias. Y cuanto más sé, más puedo ir haciendo mías esas formas. Cuanto más conozco, más flexible puedo ser.
Ser flexible es algo que me cuesta bastante. De pequeña, mi padre era del Real Madrid. Por ende, todos en la familia éramos del Real Madrid. Yo pensaba que eso era algo impuesto, como el color de ojos: ése es el que te ha tocado y punto. Cuando una amiga del colegio me dijo que no sabía si ser de Atleti o del Barça, me quedé atónita. Intenté explicarle que eso no era decisión suya, que no podía elegir. No recuerdo la cara que me puso, pero puedo imaginármela.
Mi modus operandi suele ser siempre el mismo: si solo conozco una opción, pienso que no hay más y me esfuerzo en hacerla lo mejor posible. En cuanto conozco más, veo que hay un abanico inmerso y me esfuerzo por conocer la que mejor se alinee conmigo. Por eso mi afán de conocer todas las opciones. A medida que fui creciendo, me di cuenta de que el criterio de mis padres no era el único y veradero: que podía elegir el mío propio, en un mundo atestado. ¿Cómo elegir entre tantas cosas? Esforzándose por conocer. Por eso me gusta estar en continuo aprendizaje. Y ojo, no estoy diciendo que yo haga las cosas mejor que nadie: solo que me gusta conocer, para poder tomar decisiones. Quizás mis decisiones para ti, que me lees, sean una basura. Pero son las mías, y me les dedico mucho tiempo y reflexión.
Las elecciones de vida es algo muy personal. Hay cosas que son claramente beneficiosas y otras muy nocivas, pero hay muchas gravitan en una amplia escala de grises. Por ejemplo, hoy hace 1 mes y 15 días que no bebo. Cuando tomo algo con algún amigo y comento que no bebo, la siguiente pregunta es «uy, ¿por qué? ¿le estabas dando muy fuerte últimamente o qué?«. Me hace reír. No estoy diciendo que porque mis amigos en ese momento se tomen una cerveza y yo no, ellos están tomando una decisión desacertada. Sin embargo me resulta curioso lo normalizado que tenemos el alcohol en la socialización. Es como si no pudiera existir el uno sin el otro. Si hay un evento social, siempre hay alcohol de por medio. Y si alguien no bebe, hay varias opciones:
- Se sospecha y cuestiona si tendrá algún problema de adicción a la bebida
- Se le tacha de soso
- Tiene algo que esconder
Sea como sea, el raro es él. Después de solo un mes y medio sin beber alcohol, aún me cuesta socializar sin él. He quedado con varios amigos últimamente y ha sido un obstáculo a superar para mí el no pedir una cerveza. Pero esto, a su vez, me ha hecho darme cuenta de lo analfabeta que soy socializando sin alcohol. De niños lo hacemos siempre. ¿cuando desaprendemos a socializar sin ningún aliciente extra? He pasado ratos incómodos, de cena con amigas o en una terraza tomando algo a media tarde, donde echaba de menos la verborrea de la caña y media, la risa fácil, la calma mental y física que me proporciona esa medida exacta. Pero los he pasado sabiendo que tengo que pasarlos, para volver a aprender. A ser yo, quizás algo más seria -o no- sin esa caña y media. Algo más nerviosa, o más callada. Quizás escucho mejor. Lo que es seguro es que al día siguiente, nunca me he arrepentido por algo que he dicho. Y eso me da paz mental.
Es raro, porque he pasado 9 o 10 meses sin beber por mis embarazos. Y sin embargo, en esa situación era diferente: no lo echaba de menos al socializar, me sentía yo. Había una razón absoluta y todopoderosa dentro de mí (y nunca mejor dicho) que me llenaba de seguridad en mis interacciones sociales, y me hacía pasar inadvertido el hecho de que yo era la única que no bebía en el grupo. Eso sí, al cuarto aquarius ya me entraba un ardor que mira, mejor no. No aguantaba jornadas maratonianas de cañas. Pero es que eso, quizás, está bien. Quizás quedar y tomar algo tiene el principio y el final que tiene, sin que el puntillo de la cerveza anterior te haga querer pedir otra y seguir desarreglando el mundo.
A lo que iba, no es la primera vez que paso largo tiempo sin probar ni un mililitro de alcohol, pero sí la más consciente. Recuerdo que un día, mirando las métricas de mi fitbit, me alarmé al ver que mi frecuencia cardíaca y respiratoria estaba muy por debajo de la línea roja, la que marca el mínimo. Había una caída brutal desde el día anterior. ¿y qué es lo que había cambiado? estaba de resaca. El simple hecho de haber bebido, me había hecho caer en picado mi frecuencia cardíaca y respiratoria. En fin, este es solo uno de los tantos ejemplos que sirven como bofetadas de realidad sobre algo que nos empeñamos en maquillar: el alcohol, por muy divertido y social que sea, no nos hace bien. Por mucho que nos empeñemos en blanquearlo, sigue siendo una droga. Tan accesible y socialmente aceptada, que es cuanto menos peligrosa. Y este tiempecito sin él me está viniendo bien. Es nice no envenenar mi cuerpo cada semana con una cerveza o dos. Tengo menos dolores de cabeza. Más energía – y por ende, también más hambre, pero no van a ser todo beneficios ;p-. Mi frecuencia cardíaca y respiratoria se mantiene, salvo por mi amiga ansiedad que visita de vez en cuando. Mi humor es más estable.
No sé, veremos. No sé cuánto durará este tiempo, no tengo una meta concreta. Solo pruebo, reflexiono, decido. Y cuanto más me informo, más experimento, más pruebo, más puedo encontrar mi forma de hacer las cosas. Aunque no coincida con la de nadie más.
p.d. – Pero siempre, por alguna razón, coincide con Moderna de Pueblo 🤗. Ella lo explica mejor:





Deja un comentario