Etapa introspectiva

Es verdad que cada vez apetece menos compartir las alegrías, viendo cómo está el mundo hoy día. Observando cómo nos vamos a la mierda poco a poco, o no tan poco a poco. A trompazos. Los desastres naturales y sociales parecen estar compitiendo en una carrera vertiginosa hacia el fin del mundo. Y de la humanidad, como bien comentaba en el anterior post.

Es bastante desesperanzador. Sin embargo el instinto de supervivencia siempre tiene la fuerza de hacer germinar la tierra recién apaleada. De vislubrar un resquicio de luz en el zulo más profundo del centro de la tierra. Y de ahí que nos centremos en nuestras burbujas, nuestras microrealidades, de ahí que ensalcemos nuestras cotidianidades llenas de normalidad. Qué desayuno tan instagrameable. Qué agusto ver una peli con las niñas, abrazadas en el sofá. Qué bien sienta el sol en la cara mientras damos un paseo por el barrio. No está mal encontrar razones por las que merece la pena seguir aquí.

El no compartir tanto me lleva a condenar mis pensamientos al silencio de mi cabeza. A veces los comparto con alguna amiga, para que no se mueran del todo. Pero la mayor parte de las veces observo como se adormecen en un rinconcito, para no ser rescatados hasta dentro de mucho tiempo. Quizá nunca.

Me hablaba últimamente de lo infravalorados que están los pequeños cambios. «Los grandes cambios vienen con pasos de paloma«, dijo alguien. En realidad creo que nadie lo dijo y yo malentendí un dicho de Nietzsche, pero adopté esta frase hace mucho tiempo. Cuando te sientas incapaz, cuando te veas sin fuerzas. Cuando alguna tarea u objetivo te parezca demnasiado grande, solo piensa «¿cuál es el paso más pequeño que me atrevo a dar?«, y dalo. Esto sí sé quien lo dijo, Mario Alonso Puig en el podcast «Tenía la duda» de Judith Tiral. Soy fan de muchos podcast, éste entra en mi top.

Todo se resume en que los cambios vienen poco a poco, y que no tienes que hacerlo todo. Solo haz un poco. De lo que te gusta, de lo que te inspira. Un 1% al día. Como dicen por ahí, «muchos poquitos hacen un muchito«. Hoy estoy refranera, pero es así: menospreciamos los pequeños gestos, los pequeños esfuerzos diarios, cuando son tremendamente importantes. Muchas veces son la base, lo que sustenta lo que somos, lo que hacemos y lo que vendrá después. Las relaciones se cuidan con pequeñas cosas, hechas de forma constante. No puedes ganarte la confianza o el amor de alguien con solo un gesto grandilocuente de repente. O no deberías.

Los cambios de vida, incluso los radicales (si cabe más, los radicales), se fraguan poquito a poco. Aquellos que dicen «pues fíjate cómo ha cambiado, no lo veía venir» son los que poco se han fijado en esas pequeñas señales o comportamientos que comenzaron tiempo atrás. Sí, se veía venir. Pero tú no supiste verlo.

No menospreciéis esos pequeños esfuerzos o gestos diarios: son los que, a la larga, marcarán la diferencia. Yo intento hacer lo mismo. Hoy, por ejemplo, he escrito este poquito.

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