Junio, fast life

Y aquí seguimos, siendo la mujer constantemente inconstante pero sin dejar de correr en la rueda del hámster de cada día.

Junio es la antítesis del slow life. Es la pesadilla de todo hippie. Junio, con sus calores y chubascos repentinos, sus montañas rusas climáticas, sus terracitas llenas y la alegría contagiosa de los lemmings que ya olemos a vacaciones y a mar. Con sus mil eventos, todos juntos y bien grandes para no dejarte ni coger aire entre unos y otros. Con sus idas y venidas.

En Junio nació Monete, éso sí que fue una montaña rusa de emociones. Aunque su cumple siempre me ilusiona muchísimo, también trae de vuelta los recuerdos dolorosos de su nacimiento tan poco respetado. Y siento punzaditas en el corazón. Pero poco a poco lo voy cubriendo con arenita de nuevos momentos y alegrías, y ese día siempre lo disfruto como se merece: el día que conocí al último gran amor de mi vida. A mi pequeña gran revolución.

Junio este año ha venido como siempre con la agenda bien llena, y hemos pasado cumples familiares y amiguiles, 3 exhibiciones de baile y patinaje, una cena de empresa, un festival y la presentación en librería física del cuento «Monete y Mariflor», con cuentacuentos incluído.

Qué torrencial de estrés y emociones juntas. Este finde pasado fue el cuenta cuentos en la librería de Plenilunio, una que a mis chicas les gusta especialmente. Por eso la elegí. Y no es que yo piense que mi cuento va a ser ningún best seller, pero quería hacer ese evento por la misma razón por la que lo escribí: por mis hijas. El cuento no es más -ni menos- que un relato de su infancia: cómo eran, cómo se conocieron, y un par de historias reales de celos entre ellas. No es fantasioso, no tiene dragones ni castillos. Es más bien largo: las historias en sí son cortitas, pero tiene bastante más texto que el Pollo Pepe. No está hecho para las grandes masas (y aunque lo estuviera, ¿quién sabe si les gustaría?). Pero está hecho para ellas. Y por eso me hace ilusión promocionarlo como si fuera el décimo libro de Harry Potter: porque es como compartir con todo el mundo, aún más, el amor que siento por Monete y Mariflor. Y bueno, obviamente me enfrento a mi timidez extrema, mis inseguridades, mi miedo al rechazo, mi ansiedad. Pero también me sirve precisamente para eso.

El sábado fue el cuenta cuentos y sabía más o menos la gente de mi círculo que asistiría, y con eso me bastaba – ¡aunque aquello no disminuyera mis nervios!-. Fuimos allí un par de horas antes para ver el espacio, darnos una vuelta y tomarnos un té matcha… iba a decir tranquilamente, pero qué va. Me moría de nervios, aun sabiendo que no habría mucha gente. El simpre hecho de que fuera un evento en un espacio público me hacía temblar. Menos mal que estaba Titiritoci, una cuentacuentos que me ayudó a la parte difícil (que yo, honestamente, no sé hacer) y me pude centrar en mis 3 minutos de presentación. Llegaron las 6 y allí estaban los que esperaba: familia, algunos amigos con sus hijos… y los que no esperaba pero fueron una grata sorpresa, algunos papás y mamás con sus retoños que se acercaron a disfrutar del ratito.

Conseguí decir, más o menos, lo que había preparado para presentar el cuento. Por supuesto, siempre sintiendo que me faltaba el aire y el corazón se me iba a salir por la boca, pero nada nuevo bajo el sol. Y luego me recliné en la butaca, y a disfrutar de titiriroci – ¡y de la cara de mis chicas y sus amiguis, of course! -. Como he dicho, soy muy consciente de la acogida que puede tener el cuento: no está escrito para un amplio público, está escrito para ellas. Sencillamente me hace muchísima ilusión compartirlo con el resto, y si alguien le gusta, ¡mejor que mejor! Por este motivo me hizo especial ilusión una mamá que se acercó con sus hijos y me dijo que le había encantado. Unas pocas palabras de una completa desconocida pueden significar tanto… Y por supuesto las caras de mis hijas, de mi familia, de mis amigas (que les guste o no, ¡siempre están ahí! 🙂 GRACIAS por vuestra incondicionalidad). Aquello fue ORO.

¿Es algo que repetiría? Jamás en la vida. ¿Me gustó haberlo hecho? Sí. Es algo que no suele darse todos los días, que me permitió enfrentarme a mis miles de miedos y sentí que algo estaba enseñando a mis hijas. Y aunque no fuera así, al menos sí estaba fabricando un recuerdo importante para ellas: el tener un cuenta cuentos en su librería favorita contando sus propias historias junto con sus amig@s. Espero que el tiempo no borre del todo ese momento en sus cabecitas, y siempre sepan lo importantes y especiales que son.

Y con este relato de purpurina y edulcorante, me despido por hoy.

Que ya lo dijo Rigoberta Bandini…

🎶​…Que ahora solo te puedo escribir
Canciones de amor a ti…🎶​

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