Hace un tiempo que no me paso por aquí, y eso que mi post it mental sobre temas que quiero tratar sigue creciendo. Quiero escribir sobre la violencia obstétrica, que algunos dicen que no existe y perdona pero sí. Hace poco lo hablaba con una amiga que está viviendo una situación dolorosa y recordaba viejos fantasmas. Yo misma me indigno y me parece alucinante que en este siglo sigan existiendo comportamientos tan inhumanos.
Quería hablar de lo que quiero de verdad enseñar a mis hijas, lo que elegiría si solo fuera una cosa: que hagan lo correcto aunque nadie mire. Pensar en ayudar siempre que se pueda, y en hacer las cosas bien (también las que aplican para un@ mism@, y fundamentalmente para esas) es lo que más me ha servido a mí en la vida. Lo que me hace descansar con la conciencia tranquila como una balsa. No digo que no me equivoque mil veces, si no que mi intención no es engañar, fastidiar o aprovecharme de algo o alguien. Me gustaría enseñarles eso. Hazlo bien, aunque nadie mire.
También quería hablar de la disciplina positiva de la que soy certificada, aunque no 100% creyente. Sigo pensando que hay que aprender tratarnos bien, con especial cariño y paciencia hacia los niños. Yo sigo aprendiendo. Me queda aún mucho. Pero joder qué cansado. Y qué diferente la linea de salida de familias acomodadas con mucho tiempo libre, más hobbies, más descanso y por lo tanto más paciencia, de las familias que no lo son tanto. Donde no hay abundancia hay menos tiempo libre, hay menos comodidades, no hay salus ni niñeras, no hay limpiezas subcontratadas, hay mucho menos descanso y por lo tanto una ínfima parte de la paciencia. Qué fácil es sermonear sobre disciplina positiva como si las posibilidades fueran las mismas para todos. Sin responsabilizarse de la carga y la culpa que supone no poder llegar a eso, y aún más para las familias que están agotadas y con la paciencia en números rojos.
Quería hablar del trabajo, y de actitudes que ayudan.
Pero la verdad es que estoy agotada. Me levantan cada día a las 6 de la mañana. No es que me levante yo, es totalmente involuntario. Monete y Mariflor tienen el mismo despertador interno y la hora de su alarma son las 6 de la mañana desde hace 5 años. Sin contar despertares nocturnos. Y a mi me gusta dormir. Tengo esa extraña manía. Y luego trabajo, que aunque me encanta mi trabajo y adoro donde estoy, pues como todo trabajo y en remoto supone exprimir el cerebro unas cuantas horas. Voy también a pilates, por aquello de la ansiedad. Los fines de semana nos ocupamos de llenarlos de planes, no vaya a ser. Me he apuntado también a patinaje con Monete y Mariflor. También me he metido en un proyecto personal que me ilusiona mucho. Y luego están los días y sus cosas, sus cenitas, sus lavadoras, sus campamentos de las niñas, los juegos de la conciliación, los regalos de cumple y yo. Solo. Quiero. Dormir.


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